PALEONTOLOGÍA

Torotoro contiene fósiles que abarcan grandes momentos de la evolución de la vida que congrega todo el largo Eón Fanerozoico, tras las Eras Paleozoica, Mesozoica e Cenozoica. Los más conocidos son las icnitas o huellas de dinosaurios del Período Cretácico. Estas huellas, más de 3.500 hasta la fecha, se encuentran en las capas carbonaticas blanquecinas de los flancos y valle del sinclinal de Torotoro. Se observan en diversas configuraciones, tallas, y asociaciones. En general, como trillas de uno o dos individuos, pero también en asociaciones y, por fin, la estampa de una solo pata, que incluyen especies de saurópodos, terópodos, ornitópodos, y ankilosaurios. Estas huellas están presentes en ocho pisos estratigráficos sucesivos, o sea, una de las mayores sucesiones históricas y paleo-ecológicas de huellas de dinosaurios conocida en el registro paleontológico. Estos gigantescos animales alcanzaban hasta 30 toneladas cada uno, también hicieron varias deformaciones en las capas sedimentarias inferiores al piso donde deambulaban por cuenta de los pequeños sismos que producían al caminar.

 

En esta época, el suelo de lo que hoy es Torotoro fue un mar epicontinental muy largo y angosto– llamado Mar Andino Cretácico –, que adentraba por el norte a partir de la Venezuela actual y avanzaba hasta el sur entre las jovencitas elevaciones pre-andinas y la Meseta Brasileña.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gran parte de estas huellas, fueron dejadas en la orilla de lamedales carbonaticos de este mar somero de aguas calientes, donde vivía gran diversidad de especies de vida. Se encuentran fósiles desde bacterias cianofíceas que formaron tapices y estromatolitos, hasta invertebrados (gasterópodos, briozoos, bivalvos, crinoideos, corales) peces, cocodrilos, tortugas, entre otros. Son testigos de una robusta cadena trófica de vida marina la cual, a su vez, tenía interacciones con la cadena trófica de la vida continental, incluso los gigantescos dinosaurios que allí buscaban alimentarse. Y, todo el conjunto continental-marino puede ser visto como una impresionante alfombra de la vida, tan impresionantes cuanto los actuales arrecifes de corales o la Amazonia. Todos los sedimentos, huellas, restos de organismos y bio-acumulaciones de este mar y su orilla se encuentran registrados en las rocas calcáreas de Torotoro. Hay varios ambientes marinos que se quedaron registrados: de someros a un poco más profundos, de orillas de mareas tranquillas o de eventos de tempestades. En varias localidades, se puede observar que el nivel de este mar subió y bajó, de acuerdo con las variaciones climáticas del Cretácico que tuvo lugar en el borde oeste del jovencito continente de América del Sur, ya cuando el antiguo supercontinente de Gondwana empezaba a desplomarse por completo

 

Además de los fósiles del Período Cretácico, en las capas sobreyacentes de color rojizo intenso, se encuentran fósiles de tortugas y cocodrilos del Paleógeno. Estos, vivían en una época en que los dinos ya estaban extintos y la América sureña se desplazaba cada vez más al oeste con la apertura del Atlántico. Por otro lado, infrayacentes a las capas calcáreas del Mar Andino Cretácico, están los fósiles de la plataformas carbonaticas del Ordovícico, Silúrico y Pérmico. En cada uno de estos períodos se registraron distintas asociaciones de braquiópodos, briozoos, braquiópodos, corales que representan la vida marina que vivía en la costa del Gondwana.

 
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